Creo que la familia es un tema irresistible para un escritor. Son crisoles de personalidades muy diferentes. Es un tema intemporal.

Instrucciones para una ola de calor

Maggie O’Farrell nació en Irlanda del Norte y creció en el país de Gales, Escocia. Ganó el premio Costa de mejor novela en 2010 por The Hand that First Held Mine (no traducida al español aún).
Su sexta novela , Instrucciones para una ola de calor, fue seleccionada entre las finalistas de la edición 2013 del mismo premio.
Esta es una transcripción de una entrevista realizada durante uno de sus pasajes por París.

El padre es el gran ausente de esta novela, un hombre mas bien silencioso, con un pasado cualquiera, al contrario de la madre que habla mucho y está muy presente. Tienen tres hijos, pero podríamos decir que se trata casi de una historia de mujeres. ¿Cómo estos personajes le han venido a la cabeza? ¿se ha usted inspirado, aunque sea vagamente, en personas que conoce?

No, no tengo tendencia a escribir de manera autobiográfica, nunca ha sido el caso. Eso no me interesa realmente. No se me ocurriría nunca de escribir sobre mi propia familia, probablemente porque me matarían, ¡y tendrían razón! Prefiero inventar, es más interesante. Considero ese tipo de escritura como una alternativa a mi vida. No quisiera hacer simplemente un copiar/pegar de algo que me hubiera pasado…

Los Riodans no están inspirados en personas reales. Pienso que Greta, la madre, es el personaje que se me apareció primero. Ella insistió un poco para que escribiera sobre ella, se me apareció así. No paraba de hablar, así que tenía que escribirla. Hablaba sin cesar, pero forma parte de ese tipo de personas que hablan mucho pero nunca llegan a la meta, que no revelan nunca nada. Está casada con Robert, que es su contrario, él es muy silencioso. Al principio de la novela, el parte y desaparece.
Siempre me he interesado en las personas que parten sin dejar dirección, eso me fascina. La razón por la cual alguien haría eso, ¡es verdaderamente radical y brutal! ¿Cómo hacerle? ¿Cómo recomenzar una vida en otro lado?
Durante la escritura de la novela, me encontré con un policía retirado que se especializaba en los casos de personas desaparecidas. Le dije que escribía esta novela con respecto a un hombre que partía sin dar noticia, y él me dijo que el número de personas que hace eso aumenta durante las canículas. Desde el momento en que me dijo eso, tuve una visión de Greta y sus hijos sentados en la mesa de la cocina, bajo una temperatura sofocante, intentando imaginar a dónde podría haber ido. La novela partió de ahí.

Como el título lo sugiere, la canícula es un elemento central del segundo plano de la novela. Ella influencía a los personajes, su comportamiento, sus acciones. Cuando usted comenzó a trabajar en esta novela, ¿fue el primer elemento que se le vino a la cabeza?

Lo primero que me vino a la cabeza fueron los personajes, así como la idea de alguien que deja todo, que abre la puerta y desaparece.
La canícula era más bien secundaria. No sé cómo fue en Francia, pero la canícula de 1976 en Gran Bretaña marcó a la gente.
Yo tenía cuatro años en aquel entonces, es un poco como el inicio de mis primeros recuerdos. Me acuerdo muy bien, yo estaba en las escaleras detrás de la casa. Tenía cuatro años y el mundo era esa especie de lugar radioso y lleno de luz.
Pienso que si uno habla con alguien que viviera en Gran Bretaña o Irlanda en aquella época, es una especie de llave que abrirá cosas en ellos. ¡Para un escritor, eso vale oro! Normalmente no hablo con nadie de mis provectos en desarrollo pero para esta novela, me pasó seguido, porque era como un seguro o una fórmula mágica. Diciéndole a la gente que escribía sobre la canícula de 1976, ¡perfectos desconocidos comenzaban a contarme historias increíbles!
El policía me dijo que el número de personas desaparecidas aumentaba durante una canícula, pero lo mismo pasa con los divorcios y las crisis familiares, y pienso que uno se puede imaginar por qué.
Me interesé muchísimo a la forma en la que el calor afecta nuestro comportamiento, como nos agota, las emociones toman el control. Como catalizador para la novela, era irresistible.

La gente me confiaba todo tipo de cosas: por ejemplo, sentada al lado de una mujer en el autobús, le estaba contando que escribía sobre la canícula de 1976 y entonces ella me dijo “¡Oh! ¡Fue durante ese verano que tuve una relación con el vecino!”. Ese tipo de cosas me pasaba todo el tiempo, todo el mundo parecía tener un recuerdo muy preciso.
Pienso que eso viene probablemente del periodo en el que ocurrió la canícula, a mitad de la decena, en los años 70. En Gran Bretaña, fue una decena muy difícil, hubo cuatro Primeros Ministros diferentes, una gran agitación política, económica y social; así como muchos amotinamientos y huelgas.
Además, la relación entre Gran Bretaña e Irlanda estaba en lo más bajo y los conflictos en Irlanda del Norte eran horriblemente violentos. Era terrible para todo el mundo, había numerosas alertas de bomba, fue una decena más bien difícil.
Y en medio de todo eso, hubo un verano increíblemente largo del que todo el mundo se acuerda con pasión.

Los tres hijos tienen cada uno sus propios problemas contra los que tiene que luchar cada día: Una es casi analfabeta, la otra no está satisfecha con su matrimonio y el último tiene una esposa focalizada en ella misma. ¿Es este el retrato de una generación obligada a hacer compromisos?

Si, eso creo. En lo que concierne al hijo y su mujer, quise escribir sobre la propagación del movimiento feminista. Ella no es una feminista incondicional, en el plano político tampoco, pero creo que el movimiento comenzaba a hacerse sentir, notablemente en la periferia de las grandes ciudades. Y es lo que le sucede a ella, cae embarazada durante sus estudios superiores, no termina la carrera y se convierte en ama de casa. Así, las feministas eran pioneras que le permitían afirmar: “De hecho, quiero acabar mi carrera, lo voy a hacer, voy a estudiar”. Y creo que él es un buen hombre, no es un patriarca, pero encuentra difícil al regresar del trabajo, que de un día para otro su mujer se ponga a estudiar, ya no quiera preparar la cena, los niños corren por todos lados, la casa es un desorden y eso no le gusta.
Me interesé a lo que pasaba en ciertos lugares, en ciertas casas en los años 70. Las mujeres comenzaban a decir que querían hacer otra cosa con sus vidas.
Mónica está casada en segundas nupcias después de un divorcio traumatizante. Se casó muy rápido y se convierte en madrastra, y eso le parece difícil, debe ocuparse de dos niñas que la detestan.
La más joven es disléxica y no lo acepta. No sabe leer, es prácticamente analfabeta pero logra ocultarlo a todo el mundo.

Mientras que hacía investigaciones para esta novela, uno de mis hijos supo que era disléxico, así que era algo sobre lo que investigaba también. Sabía poco al respecto así que leí muchos libros. Como escritora no dejaba de pensar: “¿y si hubiesen existido todos estos recursos en aquella época?”. Pero no había diagnóstico, ni libros de ayuda, ni profesores o cursos especializados. Los niños que no lo lograban no eran ayudados. Se me partía el corazón de imaginarlos. Los dejan chapotear, luchar.
Me encontré con alguien que ocultó su analfabetismo a su marido y a sus hijos hasta que tuvo 60 años. No era capaz de leer nada y lo ocultó durante 40 años, tenía muchas estrategias. Una de sus estrategias era de llevar a sus libros a la biblioteca para sacar libros ilustrados, asegurándose siempre que su marido los leyera primero. Cuando él se los leía, se escondía detrás de la puerta de su cuarto y aprendía las historias de memoria, puesto que los disléxicos tienen seguido una memoria increíble, se acuerdan de las palabras habladas.
La noche siguiente, ella giraba las páginas como si les estuviera leyendo el libro. Es una historia increíble… ¡Pero terminó por aprender a leer! Cuando se lo confesó a su marido, él estaba en choque porque ella ¡no se lo había dicho antes! Se inscribió en un grupo de aprendizaje de adultos y tiene ahora 75 años y sabe leer.

No es la primera vez que usted desarrolla una historia al rededor de una familia. ¿Considera usted que la transmisión es un elemento clave de la obra?

Creo que la familia es un tema irresistible para un escritor. Son crisoles de personalidades muy diferentes. Es un tema intemporal. La madre forma parte de esos inmigrantes para los que es un combate y un dolor ver a sus hijos alejarse de la cultura irlandesa y las tradiciones religiosas. Intenta todo el tiempo de hacerlos regresar a eso, pero claro está, ellos se consideran muy diferente a ella. Creo que es muy difícil, en cualquier familia de inmigrantes de la segunda generación. Hay un cisma entre ellos.

Los flash-backs y el tiempo del relato se siguen sin distinción en la narración, es una técnica que usted usa seguido en sus novelas. ¿Por qué?

Quería ajustar los puntos. Las novelas que he escrito antes se extendían sobre cincuenta o sesenta años, pero esta se desarrolla en cuatro años durante la canícula. Era un poco como mirar a través de un lente angular. Veo siempre el pasado y el presente de los personajes al mismo tiempo, todo está ligado. Quería lanzarme el reto de escribir una narración que se desarrollara en cuatro días solamente.

La novela me ha recordado en ocasiones a Charming Billy de Alice McDermott, notablemente por las cosas no dichas en una familia de inmigrantes irlandeses que se revelan poco a poco… ¿Piensa usted que algunos de sus lecturas tuvieron una influencia sobre su novela?

Leo muchos libros irlandeses… Un libro que me gustó mucho durante la escritura de esta novela es Brooklyn de Colm Tóibín. Es una novela magnífica a propósito de una niña emigrante de Irlanda hacia los Estados Unidos durante los años 60. Leo muchísimo, notablemente literatura estadounidense e irlandesa.
Una de las cosas que quería de verdad abordar en esta novela era la polifonía, la idea de varias voces dentro de una sola escena, la alternancia entre los diferentes puntos de vista, en menos de una página.
Quería ver como otros autores lo tomaban, fue una especie de desafío el que intenté con esta novela. Estudie ciertos autores para ver cómo trataban los múltiples puntos de vista así que el tema de la familia. Cuando comencé a interesarme en ese tema en particular me dí cuenta de que ahondaba cada vez más. Me parece que toda literatura de ficción tiene como base la idea de la familia o de su ausencia.
En un momento, estaba leyendo Hamlet y me decía, “¡es una tragedia familiar verdaderamente excepcional!”, un tipo cuya madre se va con su tío y cuyo tío mata a su padre… ¡Es fantástico! Contiene todos los elementos de una maravillosa saga familiar.

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A pesar de ese final, sigo pensando que Instrucciones para una ola de calor es muy buena novela. Seguiré los pasos de esta autora y espero no tardar mucho tiempo en encontrarme con otra de sus novelas entre las manos.