El mundo de Clara se derrumba por completo tras perder a su marido en un accidente de tráfico al poco tiempo de casarse. Su vida y su incipiente carrera como neurocirujana se ven truncadas por la profunda depresión en la que se ve inmersa, hasta el punto de hacerla desistir a mitad del segundo año de su MIR para perderse en la finca de sus tíos, en la profundidad y el aislamiento de la dehesa extremeña, de la cual sale renovada y con la decisión inamovible de centrarse en otra especialidad que no le recuerde constantemente la fragilidad de la vida.